Eric Salone, creador y hombre de proyectos y compromiso, persigue un sueño: el de iluminar el mundo de otra manera
Eric Salone trajo de su adolescencia en Egipto un gusto desmedido por la luz. Cuando a los 26 años “descubre” por fin Francia, echa a andar por su cuenta siguiendo el camino mostrado por sus padres diplomáticos, a la vez franceses y venidos de otro lugar, y que le hicieron descubrir el planeta. Lleva consigo una certeza: la cultura, la creación y la empatía serán sin duda alguna los tres pilares de su recorrido.

EL GUSTO POR LA CREACIÓN...
En cuanto a la cultura, tras haber estudiado en la Cámara sindical de costura y en la escuela de negocios ESCP Europe, sigue los pasos de los diseñadores de moda,
momento en que siente el deseo de crear sus propios diseños.
Apasionado por la cultura, la moda y la decoración, pero también por las antigüedades, Eric Salone echa a volar y crea la marca ICON62.
Una colección de lámparas que va más allá de su función primaria: iluminar una habitación. Como una pasarela luminosa construida en el pasado que ilumina el futuro…
¿Cuál es el concepto de ICON62? Buscar portadas originales de revistas internacionales de la época en la que éstas llamaban a los fotógrafos con más talento para retratar a las estrellas de los años 50 y 60, que sus padres le hicieron descubrir y adorar… Y erigir al pie de estos iconos eternos una lámpara con diseño contemporáneo… En cuyo firmamento figura, cómo no, Marilyn Monroe.

La actriz, la venus del séptimo arte, será de hecho el primer diamante de su colección de lámparas.
Cuesta no ver en ella un homenaje a quien nos dejó el 5 de agosto de 1962. Cuesta creer que es una coincidencia, cuando Eric Salone elige el nombre y la fecha del lanzamiento de su colección, precisamente el 5 de agosto.
ICON62 como una sobreimpresión del mito. A continuación vendrían JFK, James Dean, Paul Newman, Elisabeth Taylor o Marlon Brando…

Más allá de ello, se trataba de ponerse las prendas proteiformes del diseñador y del empresario, como una apuesta por el ser frente a la nada, y de transfigurar un objeto del día a día, corriente y vulgar, en un condensado de emoción(es).